Sobre la culpabilización de la mujer en las canciones de amor (y desamor)

Posted on 20/12/2011

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Desde que de adolescente me compré el “Hatful of  Hollow” (harto del vacío) de los Smiths, me sentí totalmente atraído por la canción “Girl Afraid”. Su letra, sin  embargo, reincide en tópicos y estereotipos sobre el amor o, en este caso más concreto, el desamor, que es más bien de lo que se suele cantar.

En este tema, muy del espíritu Morrisey, conocemos las visiones de un chico y una chica sobre la falta de feeling necesario para que inicien una relación. Morrisey, hay que decirlo, pertenece a una generación británica desencantada en lo social, político y cultural. En lo colectivo, vamos, y ese desencanto se vuelca, y de qué forma, sobre las emociones del día a día, entre las que está el trabajo, o su falta, los amigos, o su falta, y el amor, o su falta. En el caso del amor, de lo que él siente como tal, el Morrisey no siempre es muy justo.

En este Girl Afraid ella dice:

“Él nunca me mira

Le doy todas las oportunidades

En la sala de abajo

Se sentó y miró

En la sala de abajo

Se sentó y miró

Nunca voy a cometer el mismo error!”

Él nos dice:

“Pero ella ni siquiera es como yo!

Y lo sé porque ella lo dijo

En la sala de abajo

Ella se sentó y se quedó

En la sala de abajo

Ella se sentó y se quedó

Nunca voy a cometer el mismo error! “

Me encanta esta canción y también he vivido una situación semejante. Como suele ocurrir con esta gente de los Smiths, algunos de nosotros siempre tuvimos esa melancolía, ese abandono, ese fracaso pero también aquel corazón pegaditos a la piel. Pero también es cierto que no resulta baladí que el título de la canción lo protagonice el temor de la parte femenina (girl afraid) y no así el patético comportamiento de la parte masculina del asunto (boy afraid). Tal cual, igualito igualito igualito que las cantigas medievales galego-portuguesas. Mira tú qué cosas digo.

No sé si recordaréis de vuestra época estudiantil en Galicia aquello de las voces femenina y masculina en las cantigas medievales. A ver, siempre escritas por un hombre (faltaría plus en una época dominada por la Iglesia), aportan de novedad la voz femenina, esto es, la voz poética femenina. Así, las Cantigas de Amor corresponden al clásico juego musical donde yo, hombre-macho-alfa, o bien canto tus alabanzas, si me diste temilla, o bien te pongo de bonito, si hubiere calabazas en el asunto. Su construcción, para más inri, en mucho más formalista y seguidista de las modas provenzales. En su época, eran las cantigas más valoradas y mejor pagadas. ¿Os suena? Por la otra parte, en las Cantigas de Amigo, las emociones se representan mucho más naturales. La mujer espera, canta, trabaja, se lava el cabello o la ropa, se siente ciervo a punto de ser cazada, se desespera porque el “coleguita” no da llegado…en fin. Sufre. Estaas cantigas eran menos consideradas en su momento histórico pero hoy son las más apreciadas por la crítica y los fans de esta literatura medieval. Yo incluído.

Más por estos nuestros actuales lares, hoy mismo escuché por recomendación el tema, precioso, de Triana “Tu frialdad”. Yo qué sé, chico…algo habrás hecho, ¿no?. O algo NO habrás hecho, que también.

Lo cierto es que ya nuestros abuelos se enamoraban con melodías recargantes de sabor latino donde la tipa siempre es esquiva, no valora el enamoramiento del palomo, no cree ni en sus sanas intenciones (increíble) ni en la nobleza de su mirada (increíble again). ¿Pero no os habéis fijado en que cuando suena el “Si tú me dices ven” de Los Panchos y cantado por un tipo, son ELLLAS siempre las que lo entonan con emoción? El colmo del paroxismo está en esas niñas, con sus madres y abuelas, moviéndose alegres al compás de “que la detengan, que es una mentirosa” del David Civera. Joder, que lo detengan a él pero ya!!!!

También me causó siempre cierto repelús escuchar aquella canción que decía “devuélveme las llaves de la moto y quédate con todo lo demás”, que no era más que la revisión modernita (pretendidamente) de aquella ranciada nacional-católica que decía “devuélveme el rosario de mi madre y quédate con todo lo demás”. Así mismito. Pero habrá quien diga que lo que me jodía es que yo no tenía moto (pero sí novia).

Pero una cosa no debe quitar la otra. La música está para disfrutar. Las letras y los sentimientos que nos cuentan para transcender el tiempo y el espacio y servir de banda sonora generacional. Para acompañarte, también, en las alegrías y las penas. La de todos y todas.  Sería sin emnbargo muy beneficioso también para todos y todas que esas letras tuviesen mejor en cuenta el modo y la forma de los sentimientos, los tuyos-él y los tuyos-ella. Lo digo porque ya va tocando una canción que se titule “Boy Afraid”…¿no?

Nos vemos.

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