Una crónica de axitpop gana el I Concurso de Xornalismo Musical Querostar

Posted on 11/10/2011

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Buscando mis amores
iré por esos montes y riberas;
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.

Cántico. San Juan de la Cruz

Sobre el Verano del Amor se dice -y presume- que si recuerdas 1968 es que no estabas allí. Yo no estaba allí. Realmente, yo ni estaba aquí. Lo que para mi será muy difícil de olvidar será el verano (?) de 2011. Por lo menos hasta que llegue el día en que mis recuerdos salten en pedazos de un puzzle inacabado e irreconstruible. Este ha sido mi Verano del Dolor, porque cuando amas duele (¿o no?), y yo amo lo que hago.

¿Cómo olvidar el momento en que, tirado en un suelo de arcilla marciana, movía unos muñecos como cuando de niño jugaba a las guerras y siempre las ganaba? ¿O cómo olvidar todas y cada una de las cosas que viví con NOC, en tanto nuesto mundo-burbuja, nuestra Europa de risa, parecía diluirse en una conjura de necios triunfantes que devoran nuestras ilusiones y materia, sin quedar nunca saciados? ¿Cómo olvidar, pues, el momento en que conoces a una persona guapérrima por fuera y dentro, guapérrima incluso en su sufrimiento? ¿Cómo olvidar, definitivamente, este Querostar y las personas que con tanto trabajo y sacrificio nos lo hicieron posible?

Mi crónica (consultar todas las presentadas) “A lei do desexo” acaba de ganar este I Concurso de xornalismo musical Querostar y eso apacigua el dolor. San Juan de la Cruz, con el que abrimos hoy, nos habla de su búsqueda del amor, divino o carnal, que expresa en forma de Dios. Nos habla también de caminos, de caminos de tortura, dolor y sufrimiento. Algo sabía el chico de todo esto. ¿Por qué, entonces, insistimos en el empeño de nuestra búsqueda inútil, si su recorrido abre una y otra vez esa herida que nunca cerró y que siempre sangra? Porque nuestro empeño es la conquista de la felicidad, donde quiera que ésta se encuentre, aún en forma de sombra juguetona en una pared de una cueva. Porque no hay felicidad sin tristeza, como no hay amor sin ira o dolor sin caricia. Porque el nuestro no es el Mundo Feliz que retrató Huxley, un mundo asentado sobre los pilares de la extrema idiotez y de la inmensa ignorancia, como en un subidón adolescente del que nunca nos bajaremos. El nuestro es el mundo doloroso de la vida, en tanto nos dure y a la que nos agarramos con furze. Por eso escribo.

Es una pena que, justo cunado más nos comunicamos, justo cuando más palabras juntamos, es cuando menos se escribe. ¿Dónde queda ahora aquella ruidosa conjunción de palabras empleadas por Zola en “Naná“? ¿Cómo describir, pues, la algarabía decadente de un París entregado a una estrella de opereta semidesnuda y vitalista, capaz de consumir en una sola noche el beneficio que producían en un año cientos de niños esclavizados en las minas de Bélgica, a mayor gloria de la revolución industrial? ¿Ha sido todo esto sustituido por una almohadilla o por un smile tristón? Porque puestos a ser simples, me quedo con aquella canción del primer álbum de Primal Scream que terminaba diciendo: “You are my everything/I can’t do anything/You are my everything/You are the sun and sky/You are the reason why”. Nada mejor.

Gracias por haberme soportado. Continuaré buscando mi resurrección…o vuestra absolución.