Rodando en los campos de Marte: macking off de “Under the Drizzle”

Posted on 21/09/2011

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Cuando se comienza una aventura uno no sabe hasta qué puertos llegará. Hace unos meses, durante una conversación con Cardigan Bridge, surgió la idea de hacer un vídeo del tema “Under the Drizzle” empleando algún tipo de animación stop motion. Algo simple pero original. El tema de la canción era especial: la búsqueda por parte del ser humano de esos lugares donde quedarse y ser feliz. Gritar, incluso, de felicidad. Tenía yo ganas de hacer algo en León. Desde pequeño me impactaron aquellas tierras rojas, próximas a Astorga, que parecían trozos de Marte dispuestos a lo largo de aquellos lugares, para mí, meridionales. Encontré unos muñecos perfectos y una maqueta de la Apolo que hubo que construir, ciertamente, pero que daba la escala casi a la perfección. El robotito venía de regalo con uno de los muñecos. El otro traía un lanzarayos subatómico o así…

Como los pobre astronautas venían demasiado coloridos (horteras) y poco creíbles, los pintamos con pintura americana de color blanco, que así la llaman. Lo malo era que, con los movimientos, la pintura saltaba. Me acompañó a la aventura mi cuñado, un tipo despierto y ocurrente. Llevamos la muñecada, pintura a dolor, loctite -por si se rompía la Apolo-, unas mantas para apoyarnos en el suelo arcilloso-que pronto olvidamos-, agua para limpiar, pinceles y paños rotos, una tapa metálica para dar luz a las escenas aprovechando la posición del sol, un rastrillo para preparar el terreno, un antiguo coche de Mickey Mouse ahora tuneado en vehículo espacial y otras cosas que ahora no recuerdo. Inútiles, muchas de ellas.

A la altura de Pradorrey, por la vieja Nacional VI, paramos en una parrillada (somos listos). El lugar prometía. Cogimos todas las cacharradas y nos pusimos a andar. Por allí, desde tiempos pasados, se trabajaba mucho lo de extraer arcilla para hacer ladrillos. Tenía que haber algún resto de aquello. A los poco más de 150 metros apareció el lugar. Al acabar, papeo de rigor en la parrillada y vuelta a casa.

Un lugar altamente extraño, como podéis ver. El caso es que hubo que repintar a los astronautas varias veces, el sol y las nubes nos la jugaban con la luz y…lo mejor…nos olvidamos los gorros en casa. Llegamos colorados, tanto de tierra como de quemazón solar. Unos cracks es lo que somos…El pequeño tamaño de los muñecos era un factor que permitía recoger un escenario de menor tamaño, pero complicaba mucho la movilidad continuada necesaria para que el tema de la stop motion quedase resultón. Nos fuimos a lo simple.

Para las imágenes de Cardigan nos quedamos más cerquita, en Oza dos Ríos. Pero eso ya es otra historia…

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