La insoportable levedad del ser y del estar. Entre el plagio y nuestros otros referentes

Posted on 07/09/2011

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INTRO

La adulación no es un género literario, por eso los dictadores no tienen quien les escriba. Solo aduladores.

PERO…¿QUÉ HE HECHO YO PARA MERECER ESTO?

Y seguimos con las referencias almodovarianas en la semana del estreno de “La Piel que Habito”. Dicen que el director manchego no soporta a Boyero, crítico de cine de El país. La razón es demasiado prosaica. Resulta que a Boyero no le gustan las películas de Almodóvar, por lo menos desde “Mujeres…”. Así de simple. Los admiradores del antaño rey de la movida le atribuyen al bueno de Don Carlos un tanto de mala fe, otro tanto de mala baba y un mucho de mala hostia. Y todo, comentan, por ganarse el plato de lentejas. Pero yo no soporto el cine de Almodóvar desde “Mujeres…”, y no escribo en El País ni me gano las lentejas a su cuenta. Supongo que por eso no le dirige la palabra al crítico, en tanto a mi ni me conoce.

THE ROCKY HORROR PICTURE SHOW

Hay quien vive convencido de que en la música más es mejor. No es cierto. Mejor es mejor, y si luego viene más, mucho mejor. O más mejor, como dice mi sobrina. En el extraordinario musical The Rocky Horror Picture Show el exceso refuerza la virtud de las composiciones, el acierto en la historia y el vistoso vestuario. Pero todo ello resultaría absolutamente ridículo sin el soporte de esas buenas canciones y de esas buenas interpretaciones. Se puede ser divertido, se puede ser bueno y se puede ser original. Y también se puede tirar de referencias, desde el Ziggy Stardust de Bowie hasta toda la corte celestial del glam rock, con el malogrado Marc Bolan a la cabeza.

La diferencia, pues, entre el plagio y la referencia acaba estando en la calidad de la nueva propuesta. Otra cosa son los remakes o las bandas de versiones. Me explico.

Cuando era niño me encantó la película “Los Siete Magníficos”. Me pareció toda una obra maestra, pero cuando me hice más mayorcito me enteré de que era un remake de “Los Siete Samurais” de Kurosawa. Cuando vi esta última supe de verdad lo que era un obra maestra. Lo siento por Yul, pero lo suyo nunca pasó de ser un buen remake.

Lo de las bandas de versiones es otro cantar…nunca mejor dicho. En nuestra ciudad están teniendo muy buenas críticas y cifras de asistencia los Brothers in Band, grupo que versionea magistralmente a los Dire Straits. Conozco a mucha gente, especialmente del mundillo, que no los soporta pero, quitando el tropiezo de definirse como “el auténtico sonido Dire Straits” -cuando es más que evidente que no son los auténticos– tengo que rendirme ante la profesionalidad de su propuesta. En todo caso, y esto para mi es vital, son una banda de versiones por definición. Yo lo sé. Tú lo sabes. Ellos lo saben. Por tanto…¿dónde está el problema?. En el Reino Unido hay tradición de bandas de versiones. Algunas han llegado a competir en triunfos con los modelos originales (ahí estuvo el caso de los Oacks Sicks imitando al mismísimo Liam Gallager aullando la canción de la Coca-Cola y pronunciando muchas veces la palabra away). Hasta las imitaciones tienen su arte…pero hay que demostrarlo.

ANDMOREAGAIN

Lo peor que le puede pasar a un músico es que se crea lo más grande del mundo mundial, y lo peor que puede hacer un fan es reforzarle en esa interpretación de si mismo. Comenzamos este artículo afirmando que la adulación no es un género literario (si lo es el panegírico). Nos reafirmamos. Una crónica musical forma parte del género literario denominado “ensayo”. Es, pues, un pequeño ensayo. Las comparaciones, las elipsis, las metáforas, los circunloquios, etc, son recursos retóricos y, por tanto, literarios.  Yo no puedo mentir en una crónica musical. Soy incapaz y es, además, injusto. Lo que sí puedo hacer es destacar las aspectos más amables de la propuesta musical a analizar. Será una verdad a medias (la peor de las mentiras, según mi madre) pero siempre será mejor que desnudar las carencias armónicas o de afinación que pueda evidenciar una banda que empieza. Es posible que a alguien no le guste que comparemos a sus artistas músicos con otras bandas o artistas, no lo dudo. El gusto es un sentido subjetivo. Pero lo que hay que pensar antes de incomodarse -haciendo ostensible tu burla a respecto de quien redacta la crónica que no te ha halagado- es si esa persona no tuvo más remedio que aferrarse a las referencias como dulce forma de evitar la palabra plagio. Ya sé que hay quien opina que en el arte todo es subjetivo y, por tanto, opinable. No es cierto. Boyero descarga su ira en Almodóvar porque hay quien lo considera un genio. Yo me niego a descargar mi ira en gente joven e ilusionada. Ni de broma. Pero tampoco voy a escribir sobre lo que no vi…a no ser que me encarguen un relato fantástico, que no es el caso.

El año en que Nirvana sacó “In Utero” un amigo mío, el que me había guiado por los caminos de los Stone Roses, me enseñó su nuevo “descubrimiento”. Se trataba del LP “Forever Changes” de Love. Reconozco que flipé aquel año con Nirvana, pero es que aún me flipa escuchar a Love y su “Andmoreagain” o su “Alone again or” con el que el genial y ya desaparecido Arthur Lee abría su pequeña joya musical irrepetible. Tuve la suerte de verlos en el Playa poco antes de morir Arthur. No tuve tanta suerte con Kurt. Se me escapó entre los dedos antes de que pudiese rendirme a su genio. Pasados los años surgieron cientos, quizá miles, de imitadores de Nirvana y de su difunto líder. No conocí a tantos que imitasen a Lee. Hay quien defiende que en el rock está todo inventado. Es mentira. Que se lo digan a Love. Que se lo digan a Nirvana. Que se lo digan a los Pistols. ¿Conoces el “War” de los U2? ¿Me puedes decir quién había hecho eso antes?.

THE SHOW MUST GO ON

Supongo que a estas alturas habrá ya quedado claro que soy de los que defiende no empezar la casa por el tejado. Antes de nada habrá que pensar en los mejores cimientos, no se nos vaya a caer todo el proyecto encima de nuestras cabezas. Puedes, eso si, hacer del espectáculo tu vida, pero no olvides que en el mundo de la música el mayor espectáculo es el que proporciona, precisamente, tu música. Lo otro viene después. Ahí tienes, por ejemplo, el caso de Kiss. Alguien pensó un día que eran unos payasos, pero en cuanto se quitaron el maquillaje demostraron al mundo que lo único que importaba era su música. Por eso siguieron siendo grandes. Como debe ser. Como debe estar. En el cine ocurre poco menos que lo mismo. Preguntas sobre una película y te hablan maravillas de su fotografía, de su música, de su espectacular sonido, de sus paisajes o de sus carísimos efectos especiales…pero ¿y la película?

Y ya lo voy dejando, que ni yo soy Boyero ni los que me leéis sois Almodóvar…¿o si?

Posted in: crónica, música